HOAC: La HOAC participa en la Asamblea General de los Trabajadores Cristianos del mundo que se reúne en Ávila

La HOAC participa en la Asamblea General de los Trabajadores Cristianos del mundo que se reúne en Ávila
Del 15 al 21 de julio, en la Universidad de la Mística de Ávila, se celebra el Seminario Internacional y la Asamblea General del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC). La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) estará representada por José Fernando Almazán y Milagros Villamarín, presidente y responsable de Compromiso y Relaciones Internacionales, respectivamente. Este movimiento de Acción Católica especializada, actúa como anfitrión y está encargado de la acogida, la organización y la comunicación de ambas citas.
Con la participación de 120 delegados y delegadas de 42 países de los cinco continentes, el Seminario Internacional pretende analizar la construcción de una sociedad solidaria, las amenazas actuales a la dignidad humana y el estado del derecho al trabajo, con la aportación de las regiones del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) en América, África, Asia y Europa. En la inauguración, junto al Alcalde, el obispo de Ávila y otros invitados, intervendrá el presidente nacional de la HOAC, José Fernando Almazán.
Para Almazán esta cita con representantes de trabajadores y trabajadoras cristianas de todo el mundo, que comunitariamente analizan las distintas problemáticas del trabajo así como las respuestas evangelizadoras que los movimientos cristianos ofrecen, es “un encuentro gozoso e imprescindible en el que tendremos ocasión de poner en común tanto las situaciones de inequidad patentes que sufren las y los trabajadores en todo el mundo, consecuencia de un sistema económico basado fundamentalmente en el lucro individual insolidario, como la vida entregada de tantas mujeres y hombres que en todos los países luchan cada día por construir un mundo más humano, más habitable y más justo, con los que las y los militantes de los movimientos del MMTC, desde su fe y su opción por el mundo del trabajo, comparten la vida y el compromiso cada día.”
Es un momento también muy importante en la historia del MMTC, al cumplirse ahora sus 50 años de compromiso en la evangelización del mundo del trabajo desde su gestación original pareja a la convocatoria del Concilio Vaticano II y fruto del trabajo y los deseos de coordinar el esfuerzo de todas las asociaciones y movimientos preocupados y ocupados en la dignidad de los trabajadores y las trabajadoras. En ese empeño generoso de cientos de militantes cristianos estuvo especialmente implicado, el entonces presidente de la HOAC, Teófilo Pérez Rey.
La Asamblea General será además un momento muy especial para la HOAC ya que la actual copresidenta, Charo Castelló, militante de la diócesis de Segorbe-Castellón, termina su servicio, después de varios años de compromiso en esta responsabilidad. Una asamblea en la que, a su vez, se producirá el relevo en las responsabilidades de Tesorería y de Consiliaría. Así mismo, se dialogará y se aprobará el Plan de Acción, las propuestas de trabajo del MMTC y de sus movimientos afiliados para continuar con su misión evangelizadora en el mundo del trabajo hasta la siguiente Asamblea, en 2021.
Organización y comunicación
Las tareas organizativas y de comunicación corren a cargo de la HOAC. En este sentido, Toni Santamaría, militante de Sevilla, coordinará todos los aspectos organizativos y Abraham Canales, responsable de publicaciones y director de la revista Noticias Obreras, será el encargado de la Oficina de Comunicación.
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HOAC: Política, corrupción y virtudes sociales

Política, corrupción y virtudes sociales
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia dice que la corrupción «traiciona al mismo tiempo los principios de la moral y las normas de la justicia social; compromete el correcto funcionamiento del Estado (…); introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas (…); distorsiona de raíz el papel de las instituciones representativas» (n. 441). Desde esta perspectiva, da miedo la facilidad con que, según las informaciones judiciales y periodísticas de los últimos meses, algunos responsables políticos del Partido Popular mienten y quieren engañar, o la naturalidad con que algunos de sus miembros han utilizado o utilizan las instituciones públicas como si fueran su patrimonio particular o del partido. Da miedo la aparente permisividad de su partido ante esta situación, muy especialmente la impasibilidad de su presidente y a la vez presidente del Gobierno de España. Pero da más miedo aún que esa impasibilidad parece responder a la convicción de que es un mal asumible o poco importante porque una parte importante del electorado (más de un tercio) parece dispuesta a mantenerles su voto, lo que, en la actual coyuntura política, es suficiente para continuar en el futuro al frente del Gobierno.
La reacción de gran parte de la ciudadanía se mueve entre la tibieza, el restarle importancia, o la complacencia. Muchas veces escudándose en el discurso del «todos son iguales». No es verdad: si como todo indica lo publicado es verdad, lo ocurrido con la corrupción en el PP es un caso singular y de extremada gravedad, que está corroyendo nuestra democracia.
La tibieza de la reacción social tiene también su traducción en el comportamiento de los demás partidos políticos, que en cómputo global recibieron un apoyo muy mayoritario en las últimas elecciones generales. Todos dijeron que iban a cambiar la situación marcada por la corrupción. Pero, hasta hoy, no han sido capaces de articular alternativas de gobierno para hacerlo: la permanente ambigüedad de Ciudadanos; un PSOE lastrado internamente por la decisión de abstenerse y permitir con ello el gobierno del PP; un Unidos Podemos que no facilitó en absoluto la formación de un gobierno alternativo ni acaba de aclararse y presentar una propuesta consistente sobre el tema… Así, seguimos con una política espectáculo, en la que parece que sea más importante cómo se escenifican las cosas que los propios problemas y necesidades reales de la sociedad.
Porque todo esto, ¡no podemos correr el riesgo de olvidarlo!, se produce en una realidad en la que persisten y se hacen crónicas las desigualdades, la precarización del empleo y de la vida de las personas y familias, el empobrecimiento, la exclusión…, provocados por las políticas que se han hecho y se siguen haciendo, sin que se rectifique nada de lo esencial de las mismas. La mayoría parlamentaria se muestra incapaz de llegar a acuerdos reales para cambiar esas políticas. Y así nos va. Algo tan importante como los Presupuestos Generales siguen con las mismas políticas injustas que no atienden las necesidades de los pobres, y se resuelven con una especie de compraventa de votos a cambio de beneficios particulares.
Para que las cosas comiencen a cambiar es fundamental afrontar el reto que plantean los obispos en Iglesia, servidora de los pobres (un reto a medio y largo plazo, pero esencial para un futuro más humano): «Es necesario que se produzca una verdadera regeneración moral a nivel personal y social y, como consecuencia, un mayor aprecio por el bien común, que sea verdadero soporte para la solidaridad con los más pobres y favorezca la auténtica cohesión social. Dicha regeneración nace de las virtudes morales y sociales» (n. 11). En este reto, particularmente en el cultivo y la práctica de virtudes públicas, es fundamental el protagonismo de la sociedad: cuanto más extendamos las iniciativas sociales y las prácticas, personales y de grupos, que se rijan realmente por el bien común y por poner en primer lugar las necesidades de los pobres, más cerca estaremos de que cambien las instituciones políticas y los comportamientos de los representantes políticos en las instituciones.
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HOAC: Inicio de la campaña de adhesiones a la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente #MásITD

Inicio de la campaña de adhesiones a la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente #MásITD
Coincide con la puesta en marcha de la web www.iglesiaporeltrabajodecente.org
Las entidades promotoras de Iglesia por el Trabajo Decente, en adelante ITD, transcurridos los dos primeros años desde la presentación pública de la Declaración, dan un paso más en su compromiso con la puesta en marcha de una campaña de adhesiones a la iniciativa.
En ella solicitan la adhesión a la declaración fundacional de Iglesia por el Trabajo Decente para tomar «conciencia de que el desempleo, el trabajo precario, la desigualdad en el acceso a un trabajo decente y la limitación al ejercicio de los derechos humanos que esto supone, son un atentado a la dignidad humana» y animar a sumarse a la exigencia de trabajo decente, que no es ajena en la Iglesia.
Por citar algunos ejemplos, en Caritas in veritate, se señala que el trabajo decente es «expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer» (n. 63). En Laudato si’ se insiste en la importancia de la dignidad del trabajo y del trabajo digno para la realización de la dignidad humana, la lucha contra la pobreza y la configuración de una sociedad que, con el trabajo de las personas, cuide la vida de todos y la casa común, realizando así la vocación humana (n. 128). Y en Iglesia, servidora de los pobres, instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española, señala que «para que el trabajo sirva para realizar a la persona, además de satisfacer sus necesidades básicas, ha de ser un trabajo digno y estable. (…) La política económica debe estar al servicio del trabajo digno. (…) Defender el trabajo decente significa poner en el centro a la persona en vez de la rentabilidad económica; ir más allá del empleo y distribuirlo justamente; reconocer los trabajos de cuidado necesarios para la vida; luchar por condiciones dignas y el cumplimiento de los derechos; conciliar trabajo y descanso; y desvincular derechos y empleo. Es una misión irrenunciable ante el aumento de las desigualdades y de la pobreza laboral. Y es esencial para una sociedad más decente» (3.6).
La campaña se dinamizará en los ámbitos de las parroquias de las distintas diócesis del país, así como entre grupos, movimientos de base y organizaciones de la Iglesia. Para facilitar la adhesión, se puede realizar desde la web de ITD coincidiendo con su estreno.
Este espacio de comunicación pretende ser un «punto de encuentro para personas, entidades, movimientos o instituciones de la Iglesia, pero también del conjunto de la sociedad, sensible a la exigencia de trabajo decente». Para ello, ofrece toda la información relativa a los contenidos y la actividad de ITD; materiales de sensibilización y formación; recursos del magisterio de la Iglesia que abordan o recogen la importancia del trabajo decente.
Dispone de una «sala de prensa» que muestra la actualidad de ITD; de sus entidades promotoras y actividad de pastoral obrera de la Iglesia. Facilita el contacto y la relación profesional con los medios de comunicación social. Y, por último, ofrece la posibilidad de suscripción a un boletín informativo gratuito para cualquier persona interesada en recibir información sobre ITD.
Cáritas, Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica (JEC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC) renuevan su compromiso de favorecer dinámicas de sensibilización, visibilización y denuncia sobre una cuestión central en la sociedad y esencial para la vida de millones de personas: el trabajo humano y anunciar el concepto de trabajo decente «hacia el interior de nuestras organizaciones, hacia la Iglesia en general y hacia la sociedad».
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HOAC: Trabajo digno para una sociedad decente

Trabajo digno para una sociedad decente
En la XIII Asamblea General de la HOAC, celebrada en 2015, decidimos poner en marcha la campaña «Trabajo digno para una sociedad decente». También desde ese mismo año la HOAC promueve, junto a Cáritas, Confer, JOC, JEC y Justicia y Paz, la iniciativa «Iglesia por el trabajo decente». Ahora la HOAC ha organizado en toda España diversos actos con los que concluyen los dos primeros años de una campaña que no terminará aquí, puesto que en los dos próximos años la continuaremos con el objetivo de seguir colaborando a que se dé la debida importancia y respuesta social a la necesidad de trabajo digno, que consideramos vital y central para el mundo obrero y del trabajo y para el conjunto de la sociedad. Así queremos contribuir a hacer frente al empobrecimiento y la deshumanización de la que son víctimas tantas personas y familias, y ayudar a hacer posible una vida digna para todas ellas.
En el planteamiento de la campaña «Trabajo digno para una sociedad decente» y de la iniciativa «Iglesia por el trabajo decente», insistimos en que el trabajo es una necesidad de la persona, porque entendemos que en la negación de este hecho está la raíz del empobrecimiento y la deshumanización: el elevado desempleo, la extrema precarización y el deterioro de las condiciones del empleo, la falta de reconocimiento y valoración social de los trabajos que no son empleos…, son el resultado de la degradación del trabajo que supone haberlo reducido a un mero apéndice de una economía que solo busca la mayor rentabilidad y que descarta todo lo demás, incluidas las personas.
Aunque esto suene muy extraño, que el trabajo sea una necesidad de la persona quiere decir que el amor –la alteridad, la donación, el ofrecimiento a los demás del fruto de nuestra innata capacidad de hacer– es la única clave desde la que podemos avanzar hacia el trabajo digno. Lo que necesitamos es hacer posible trabajar por amor. El trabajo es una dimensión de la naturaleza humana, nace con el ser humano y pertenece a la propia condición humana. Por ser actividad humana, el trabajo tiene como finalidad fundamental la donación a los otros, trabajar es hacerlo por alguien. En esto consiste la dignidad y la grandeza del trabajo: es realizado por una persona para otra u otras personas. Con el trabajo las personas respondemos a lo que somos y a las necesidades sociales, hacemos algo útil para los demás, podemos desarrollar nuestras capacidades. Por eso necesitamos trabajar.
Esto significa que el trabajo está vinculado a la justicia debida a todo ser humano. Para ello el trabajo debe permitir el acceso a los bienes necesarios para la vida, debe realizarse en condiciones justas y dignas, debe orientarse a relaciones de cooperación y comunión entre las personas. Solo así nos ayudará a crecer en humanidad. Y esto implica que la persona no sea forzada, como ocurre hoy, a subordinarse a la economía, sino que la economía debe estar subordinada a las necesidades de las personas, al servicio del trabajo digno.
Por eso defendemos políticas que busquen garantizar a todas las personas y familias, sin excluir a nadie, los ingresos necesarios para vivir dignamente y, a la vez, que todas las personas puedan aportar su trabajo a los demás y a la construcción de la vida social; defendemos condiciones dignas en el empleo, con la debida estabilidad y seguridad, combatiendo el desempleo y la precarización del empleo; y defendemos el reconocimiento real del valor social de los trabajos que no son empleos. Todo ello demanda un profundo cambio de mentalidad sobre el sentido y el valor del trabajo humano porque «todos tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro; que sea un espacio para construir sociedad y ciudadanía». (Papa Francisco. Encuentro con el mundo del trabajo, Ciudad Juárez, 17 de febrero de 2016.)
Leer más: https://www.hoac.es/2017/05/11/trabajo-digno-para-una-sociedad-decente-2/

HOAC: 1ª de mayo, “ Tender puentes en el mundo obrero y del trabajo”

#1Mayo | Tender puentes en el mundo obrero y del trabajo
Comunicado del Primero de Mayo de 2017 • Día Internacional del Trabajo • HOAC y JOC.
En twitter #1MCreoPuentes • #1Mayo
Celebramos el 1º de Mayo, la fiesta más importante para el mundo obrero, en el que las trabajadoras y trabajadores de todo el mundo nos unimos para manifestarnos y reivindicar trabajo y mejores condiciones laborales.
Expresiones como: «he llegado a trabajar hasta 17 horas en un día», «cada viernes me dan los turnos de la próxima semana», «tengo un contrato que empieza y termina en el mismo día», «es lo que hay», en boca de Inés, David, Adrián…, son cada día más frecuentes y hacen que el presente y el futuro de las trabajadoras y trabajadores sea incierto, ya que nos lleva al conformismo y a vivir eternamente instalados en la precariedad laboral.
A menudo escuchamos que hemos salido de la crisis, que la economía ha mejorado y que se está creando empleo. Escuchamos menos que esta bajada del desempleo lleva consigo precarización y pérdida de derechos: temporalidad, inestabilidad, falsos autónomos, horas extras no remuneradas y más pobreza. Según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, en abril el paro bajó en 48.559 personas, muy pocas comparadas con las 3.702.317 que continúan aún registradas en las oficinas de empleo, llevándose la peor parte las mujeres y las personas jóvenes.
Apenas se dice tampoco que tener trabajo no es garantía hoy de poder vivir con dignidad. Los denominados «trabajadores pobres», los nuevos excluidos del siglo XXI, representan ya el 14,8%, mientras que el 22,1% de las personas de nuestro país se encuentra ya en riesgo de pobreza y exclusión. (Informe Análisis y perspectivas 2016. Fundación FOESSA, Cáritas. Nov 2016) .
Asistimos a la globalización de la economía, no hay fronteras para el capital, sin embargo levantamos muros y fronteras para las personas. Ante esto, es urgente tender puentes, poner en el centro a la persona.
El papa Francisco hace énfasis, en la Laudato si’ (127-128), que el ser humano debe estar en el centro de la vida y también nos recuerda que «sin trabajo la dignidad está herida» (Terni, 20.03.14).
La JOC y la HOAC, como Iglesia encarnada en el mundo obrero y del trabajo, manifestamos que es urgente y necesario abordar la situación del trabajo desde todos los ámbitos de la sociedad. Creemos que, solo con el esfuerzo de todas y todos, podremos recuperar derechos y darle la importancia que tiene el trabajo como elemento central en la vida de las personas.
Estamos convocados a ofrecer una respuesta social conjunta y trabajar para:
Promover el trabajo decente. Un trabajo que respete los derechos de las trabajadoras y trabajadores, asegurando un salario justo y seguridad en el puesto de trabajo.
Acceso al trabajo para todas y todos. Ante la situación que estamos viviendo, creemos importante que toda persona tenga acceso a un empleo digno que respete la vocación y que nos permita sentirnos partícipes de la construcción de la sociedad.
Evitar la discriminación. Aunque se haya avanzado en el reconocimiento de igualdad de derechos, hay que dar pasos e integrar a los diversos colectivos en el mundo del trabajo, y cuidar la no discriminación de personas por razón de género, discapacidad, país de origen, orientación sexual, etnia, raza, religión…
Garantizar la protección social. Que asegure la protección de las familias y mejore las perspectivas de desarrollo personal e integración social. Y al mismo tiempo priorizar la necesidad de una renta de ciudadanía que garantice su protección.
Repensar la participación y la conciliación. Que dé libertad para que las personas expresen sus opiniones, se impliquen y participen en las decisiones que afectan a la organización del trabajo. Un trabajo que nos permita conciliar la vida laboral y familiar y el desarrollo de las necesidades culturales y espirituales, así como el compromiso militante como ciudadanos comprometidos.
Reconocer los trabajos de cuidados. Debemos seguir avanzando hacia un sistema en el que no solo los trabajos «productivos» sean reconocidos socialmente como trabajo, sino también los trabajos de cuidados que posibilitan la vida (el cuidado de niños y personas mayores, la atención a la dependencia, el cuidado de la naturaleza…).
Dialogar sobre el presente y futuro del trabajo. Es necesario y urgente sentarnos en una mesa de diálogo donde gobiernos, empresarios, sindicatos y otras organizaciones sociales reflexionemos sobre el sentido humano y humanizador del trabajo y cómo necesitamos organizar el trabajo, así como medios para que el trabajo y el sistema de producción tengan como objetivo la justicia social.
Jesucristo, Buena Noticia para las mujeres y hombres de hoy, dedicó su vida a anunciar un mundo nuevo, el Reino de Dios que estamos llamados construir aquí y ahora. También nosotros, aun siendo conscientes de la situación que vivimos, anunciamos y ponemos nuestra esperanza en los pequeños cambios que están dando en la sociedad (consumo responsable, economía de comunión, cuidado de la creación,…) que, como la semilla o la levadura en la masa, transforman la realidad en los barrios, en nuestros trabajos, en la calle y en nuestras casas.
Estas pequeñas semillas que hoy construyen Reino pueden inspirarnos para tender puentes y crear un mundo entre todas y todos donde se respete la dignidad de la persona y el derecho a un trabajo decente.
 
Información relacionada
► Convocatorias y actos.
► Mensaje del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos.
► Cartel de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente.
 
Leer más: https://www.hoac.es/2017/04/27/1mayo-tender-puentes-en-el-mundo-obrero-y-del-trabajo/