COMUNIÓN Y LIBERACIÓN: Peregrinación a la Concatedral de Soria en el Año de la Misericordia.

Con esta peregrinación, que se celebrará el sábado 1 de octubre, CL dará comienzo a las actividades de este curso
 
El movimiento eclesial de Comunión y Liberación en España peregrinará el próximo 1 de octubre a la Concatedral de Soria, siguiendo la invitación del Papa Francisco con motivo del Año de la Misericordia. Por ello, el movimiento celebrará como gesto de apertura de curso una peregrinación en todos los lugares del mundo en los que está presente, que llevará como lema las palabras del Papa “Señor, yo soy un pecador: ven con tu misericordia”.
En España, esta peregrinación dará comienzo a las 11.30h en los aledaños del estadio de los Pajaritos y recorrerá el paseo de San Prudencio, a orillas del río Duero, hasta llegar a la Concatedral, situada en la plaza de San Pedro, donde se celebrará la misa.
 
Comunión y Liberación es un movimiento eclesial cuya finalidad es la educación cristiana madura de sus miembros y la colaboración con la misión de la Iglesia en todos los ámbitos de la sociedad contemporánea. Nació en Italia en 1954, fundado por don Luigi Giussani, sacerdote milanés fallecido el 22 de febrero de 2005. Desde entonces, el sacerdote español Julián Carrón, es el responsable internacional del movimiento de CL, con presencia en más de 70 países en los cinco continentes.
En España está presente desde finales de los años 70 y cuenta con comunidades en las principales ciudades españolas.
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FE Y LUZ: Presentación del libro "Nunca más solos. La aventura de Fe y Luz"

Os informamos de la presentación del libro “Nunca más solos. La aventura de Fe y Luz” publicado por la Editorial El Perpetuo Socorro en la Parroquia Santuario El Perpetuo Socorro, c/ Manuel Silvela 14, Madrid este sábado 1 de octubre a las 11 de la mañana.
A la presentación acudirá Marie Hélène Mathieu, autora del libro y fundadora, junto con Jean Vanier, del Movimiento Fe y Luz.
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JUSTICIA Y PAZ: Sí a la paz en Colombia, sí al acuerdo de paz

Después de 52 años de guerra, este 26 de septiembre de 2016 el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firman un acuerdo de paz. Este acuerdo debe ser ratificado en referéndum por todo el pueblo de Colombia, el próximo 2 de octubre.
Desde Justicia y Paz queremos expresar nuestra alegría por el hecho de que en un conflicto tan largo, duro y complejo, prevalezcan el diálogo y el compromiso.
Con este acuerdo, comenzará el final del último gran conflicto de grupos armados existente en América Latina, iniciado en la década de los años 20 del siglo pasado por la posesión y desposesión de tierras y que ha ocasionado mucho sufrimiento y dolor. Todas las familias en Colombia han estado inmersas. Debido a esta guerra hay millones de personas colombianas víctimas de desplazamientos forzados; cientos de miles de muertos; decenas de miles de desaparecidos y ha sido afectado un amplio número de colectivos y poblaciones, las comunidades campesinas, la población indígena, la afrocolombiana, etc.
Han sido cuatro años de diálogo difícil desde que en 2012 comenzó en La Habana el encuentro entre delegados del Gobierno y de las FARC, a cargo del presidente Juan Manuel Santos, hasta la firma de estos acuerdos. Hay que tener presente que, en el pasado, se produjeron diferentes intentos de desmilitarizar otros grupos armados y de incorporar también a la vida civil y política a personas y grupos que habían quedado al margen, pero finalmente no lo pudieron hacer, al sufrir la violencia y la eliminación física.
Por eso tiene tanto valor este proceso de paz que ahora se inicia, que debe conllevar el cese de la violencia y la incorporación a la sociedad de miles de personas que dejan la lucha armada. El esfuerzo que se ha hecho para llegar hasta aquí es extraordinario, si tenemos en cuenta no solo la complejidad del conflicto, sino también que las partes negociadoras partían de visiones de la sociedad y de la política enormemente diferentes y en cierto sentido casi antagónicas.
Este trabajo, liderado por el actual presidente colombiano, que ha hecho una apuesta firme por la paz, ha tenido un acompañamiento muy amplio de la sociedad civil, de las organizaciones sociales y de muchas comunidades cristianas. En estos momentos es importante recordar el sufrimiento y el trabajo realizado durante años por nuestros hermanos de la Comisión Intereclesial Justicia y Paz de Colombia, así como muchas otras entidades y colectivos cristianos. Han trabajado duramente junto a las poblaciones más vulnerables, a favor de una paz en el país con justicia social y ofreciendo un testimonio que, en algunos casos, les ha costado la vida. También los obispos colombianos y el papa Francisco han dado un apoyo firme y explícito a este proceso de paz y han hecho un llamamiento a todos los cristianos a sumarse a los esfuerzos para erradicar la violencia y caminar hacia la reconciliación en una Colombia nueva y en paz.
El acuerdo de paz que debe refrendar se basa en 6 puntos, y tiene como eje central el reconocimiento del sufrimiento de todas las víctimas del conflicto, a fin de acabar con la impunidad. Se orienta a establecer la verdad, la justicia, la reparación y evitar la no repetición de los hechos, a partir de mecanismos judiciales que permitan la investigación y sanción de las violaciones de los derechos humanos y la asunción de responsabilidades. Y prevé una búsqueda específica para encontrar a todas las personas desaparecidas.
Los acuerdos contienen el cese de las hostilidades, pero también garantías de seguridad contra las organizaciones criminales responsables de masacres y actos contra las personas defensoras de los derechos humanos. Se garantiza la participación política de los que dejan las armas a través de un mecanismo de representación mínima en el parlamento. Asimismo, se propone una reforma rural integral para mejorar las condiciones de bienestar de la población rural y para encontrar una solución al problema del cultivo, la producción y la comercialización de drogas ilícitas. Para la correcta aplicación del Acuerdo, se crea la «Comisión de implementación, Seguimiento y Verificación del Acuerdo Final de Paz y de resolución de diferencias» formado por representantes de las partes, que velará por su desarrollo.
En definitiva, se trata de un acuerdo ambicioso y que exigirá un largo camino hacia la paz, donde seguramente no faltarán las dificultades y los momentos de tensión. Además, en el camino hacia la finalización del conflicto armado queda pendiente que se incorpore al acuerdo el denominado ELN- Ejército de Liberación Nacional.
Por todo ello, creemos que es importante acompañar desde España este proceso y animar a todos los colombianos, tanto los que viven en el país como los que, por diferentes motivos, están en la diáspora, a dar su voto informado y responsable en favor del SI en el referéndum.
Finalmente, creemos que el proceso colombiano debe reforzar la convicción de que todo conflicto político puede y debe encontrar vías dialogadas para alcanzar la justicia y la paz.
Comisión General Justicia y Paz de España
Madrid, 26 de septiembre de 2016
Resumen Comunicado sobre el Acuerdo de Paz en Colombia
Comunicado sobre el Acuerdo de Paz en Colombia
Leer más: https://www.juspax-es.org/news/si-a-la-paz-en-colombia-si-al-acuerdo-de-paz/

CRISTIANOS SIN FRONTERAS: Tren Misionero 2016

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Hemos regresado de los Encuentros Misioneros Silos con la sensación positiva de haber sembrado, pero queremos seguir sembrando y viviendo la posibilidad de Encuentro, ahora en el Tren Misionero 2016 que se celebrará el sábado día 22 de Octubre con destino Los Molinos (Madrid) con motivo del Domund. Nuestro lema para el encuentro será:
¡SALIMOS A SER TESTIGOS!
Es un lugar muy especial, quizás no tanto por la riqueza turística, sino porque allí es el lugar de donde han salido muchos participantes a otros trenes misioneros. Es una oportunidad para ellos el poder revivirlo acogiéndonos en su pueblo, en su iglesia.
Para seguir informado de todo, puedes enviarnos la pre-inscripción que va adjunta, consultar nuestra web: www.csf.es o decirnos que estás interesado por cualquiera de los medios: email (secretaria@csf.es ; madrid@csf.es), WhatsApp (629665983) o llamada de teléfono (915944112  /  72). Recuerda hacerlo cuanto antes.
También deciros que para poder sufragar los gastos de la actividad, el coste será de 12€ por persona. Si participáis como familia poneros en contacto con nosotros.
Además suponemos que andáis con las planificaciones del curso, por ello, os enviamos en documento adjunto las fechas para las actividades que se celebrarán durante el curso 2016 – 2017.
Necesitamos SALIR A SER TESTIGOS y anunciar el Domund, entre todos podemos vivir plenamente la animación misionera en nuestra vida. El Espíritu Santo nos acompaña y nos ilumina, pero también depende de ti el colaborar con la difusión y animación a participar en éste Encuentro.
Un saludo en nombre de todo el equipo.
Madrid, 2 de septiembre de 2016.
 
Ángela Martín Montón y Jesús Rodrigo Cuadrado                         Mayte y Susana
Responsables del Tren Misionero                                               Secretarias de CSF
 
 
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JUSTICIA Y PAZ: Algunos apuntes a Educación y Laudato Si'

Contra la obligación del (falso) optimismo

De un tiempo a esta parte, da la sensación de que en determinados círculos de pensamiento vinculados a la pedagogía (marketing educativo, lo llaman algunos)  y a la divulgación más o menos “científica”, uno debe ser obligatoria y falsamente optimista, de tal manera que hasta se han creado una serie de líneas de productos y eslóganes que aparecen en objetos de consumo cotidiano e incluso forman parte del material escolar de nuestros alumnos. Para muestra, algunas de las frases que se pueden leer en las portadas de sus cuadernos: “Pon de moda la felicidad”, “Piensa en positivo”, “Con esta carpeta seguro que lo petas”, “En la vida como en la fotografía hay que cambiar los negativos a positivos”, “Cambia tu forma de ver las cosas y las cosas cambiarán”…
Se trata de una serie de mensajes que rezuman un “optimismo” realmente engañoso que, por un lado, además de culpabilizar a la persona (porque si las cosas van mal no es porque estén mal y haya personas concretas y “estructuras de pecado” que hacen que sean así, sino porque tú no eres capaz de verlas bien) y por otro, también generan una cierta sensación de que los problemas se arreglarán por sí mismos, independientemente del trabajo y esfuerzo personal y comunitario que requieren.
Y, quizá, conviene hacer notar este primer aspecto porque esa mentalidad del “buenismo” y del optimismo siempre alegre, que anida en la nebulosa de la palabrería y las “buenas intenciones”, está bastante lejos de lo que Francisco nos plantea en este apartado de Laudato si’ relacionado con la educación.
Así que no caigamos en la tentación del optimismo por el optimismo (o su contrario). Al fin y al cabo, “el pesimista no cree que cambie el viento; el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas” y, al parecer, el papa Francisco en este como en otros asuntos, no es mal navegante.
 

Laudato si’; ¿Salvar pajaritos y florecillas?

No insistiremos en este punto. Otros lo han hecho con enorme acierto y profundidad. Pero recordar que la encíclica Laudato si’ no es una carta solamente “ecológica” o “medioambiental” dirigida a los amantes de la naturaleza, es otro de los puntos de partida fundamentales.
    “Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente…” (LS, 92). Esta es la clave. No se trata de hablar de flora, fauna, biodiversidad o cambio climático… desligando estos y otros aspectos de los pobres, la justicia y la paz. Se trata por tanto un problema ecológico, sí, pero ligado e inseparable de la antropología, del ser humano, de sus relaciones con los demás, con la creación y, para aquellos que así lo creemos, con el Creador.
Por eso, si queremos abordar este tema desde el punto de vista de la educación, no podemos olvidar este enfoque, porque si no, podríamos llegar a la falsa conclusión de que si ponemos en los colegios un poco más de énfasis en la asignatura de ciencias naturales o en la de biología, el asunto estaría bastante resuelto.
 

Al fin: El capítulo final

Es curioso que el papa Francisco (y el equipo de personas que han colaborado en la elaboración de la encíclica, cosa que a veces se olvida) haya unido en un mismo capítulo, y precisamente en el capítulo final, la educación y la espiritualidad. Seguramente no es algo que haya sucedido al azar, sobre todo si forzamos un poco el esquema de la encíclica bajo el modelo del ver, juzgar y, finalmente, actuar.
Los puntos específicamente bajo el epígrafe de la educación abarcan desde el nº 209 al 215. No son muchos pero sí interesantes, en los que hay varios “hilos musicales de fondo” que son comunes a ellos. Uno sería el que plantea la educación como necesidad porque urgen “nuevos hábitos”. Otro, el que anima a realizar “pequeñas acciones cotidianas”. Y al menos un tercero está referido a los ámbitos educativos para “difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza.” (LS, 215). Casi nada.
 

Todos los caminos llevan a… la educación

Llama la atención que después del análisis que se hace en la encíclica de la crítica situación actual, tan certera que ha conseguido el apoyo y reconocimiento de tantas personas y colectivos no solo de círculos religiosos o académicos sino de los más variopintos entornos, no haya concluido, por ejemplo, que el ámbito de actuación y solución ante tanto problema sea el científico, o el tecnológico, o la economía… (materias que también tendrán mucho que hacer y decir) sino la educación.
Porque, como apunta la encíclica y una vez vistas cómo van las cosas, de lo que se trata no es de tapar baches o corregir algunos errores, sino de crear “nuevos hábitos” y posicionarse de una manera nueva (¿vieja?) ante la vida, los demás y nuestro entorno, y eso es difícil de conseguir solo con más dinero, nuevos inventos, o más cacharros electrónicos…
Un nuevo posicionamiento que pasaría, según la terminología de Kohlberg, por transitar del “nivel preconvencional” (que afirma que algo es bueno cuando “me beneficia”) al “nivel convencional” (que sostiene que es justo lo que beneficia “a los míos”) al “nivel posconvencional” (que busca la universalización, sosteniendo que algo es bueno si es bueno para todos y por mucho tiempo).
Y esto, no se puede conseguir sólo “por la fuerza” como recuerda Francisco; “leyes y normas no es suficiente a largo plazo para limitar los malos comportamientos” (LS, 211), aunque también son necesarias, bajo mi particular punto de vista, porque; ¿qué hubiese pasado, por ejemplo, con la ley anti-tabaco en España si no hubiera habido sanciones y hubiésemos tenido que esperar a que cada fumador estuviese persuadido y convencido de que no se debe fumar en determinados espacios? Pues, si no somos ingenuos, la respuesta es obvia. Por eso, además de algunas normas que nos faciliten la vida comunitaria, la educación necesariamente entra en escena.
 

La educación… ¿eso es cosa de la escuela?

La educación, como concepto, se ha vuelto una de esas “palabras comodín” que intuimos que significan “mucho”, pero que según quien la utilice puede significar cosas muy diferentes. Raro es el político, tertuliano o vecino de la comunidad que no termine algún argumentario diciendo que la solución a tal problema es “la educación”. Acto seguido, y como respirando de alivio por sacudirse cierta responsabilidad, se mira de reojo a la escuela y los maestros, aconsejándonos además “que se haga desde bien pequeñitos, porque luego ya se sabe…”
De esta forma, ya se ha podido escuchar en diferentes contextos que la escuela debe encargarse; de la educación formal (mates, lengua, ciencias… lo de siempre), la integración de extranjeros, de personas con discapacidad…, la formación en las nuevas tecnologías, la erradicación de la violencia de género, la educación en valores, la educación sexual, la educación para el consumo, la educación emocional y de la interioridad, la educación vial, la educación en la ciudadanía, cuidar y potenciar la disciplina y las normas básicas de convivencia, educar para una alimentación sana… Asimismo, la escuela debe ofrecer, también, servicios de calidad (comedor, madrugadores…), actividades extraescolares y complementarias, y si se puede, un viajecito de fin de curso…
Además, esto lo tiene que llevar a cabo “el maestro”, que debe ser (y prometo que no son todos los adjetivos que he encontrado en libros de la profesión); dinámico, creativo, “con carisma”, culto, actualizado, buen pedagogo, amable, inteligente, cercano pero con autoridad, comprometido, vocacionado, coherente, buen comunicador, participativo, innovador, motivador, entregado, optimista, exigente… y, para rematar, uno de los últimos que he visto; amigo. ¿Alguien conoce no ya a un maestro, sino a una persona de cualquier ámbito que cumpla al menos una quinta o sexta parte de este último párrafo?
    No pidamos a la escuela lo que esta no puede dar, ni la responsabilicemos de aquello que la sobrepasa con mucho y de manera considerable. Ciertamente que la escuela entendida en su sentido amplio, abarcando desde los primeros años hasta la universidad y más allá, es un ámbito educativo primordial, básico y, si se quiere, necesario con sus virtudes y sus defectos, pero no es la solución a todos los problemas, entre otras razones porque como recuerda J. L. Corzo: “el proceso educativo es múltiple y no educan más los que más se lo proponen”, y si no, que se lo pregunten a muchos padres. Por eso, en uno de los últimos libros de J. A. Marina donde plantea el cambio educativo que quiere promover en nuestro país, dedica varios capítulos monográficos a: la escuela, la familia, la ciudad, la empresa y el Estado. Por eso, el papa Francisco recuerda en su encíclica que los ámbitos educativos deben ser; la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis, la política, las asociaciones, la Iglesia…
Así pues, que cada uno (porque todos educamos de manera directa o indirecta, incluso aunque no nos lo propongamos) asuma su trocito de tarta en este pastel.
 

Y, ¿esto cómo se hace?

¿La solución? Pues ya se sabe que en la cocina de la educación no se admite la prisa del microondas. Todo es más lento y paciente, aunque es seguro que a todos nos gustaría ir más rápido. Dice Francisco: “Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida(LS, 211). “No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente” (LS, 212). Así pues, parece que no se admite mucha “alfombra roja” ni muchos atajos en esta carrera de fondo.
La tarea está por delante y ya hay gente que personal y comunitariamente está ya involucrada en ella. Habrá que intentar potenciar entre todos y desde diferentes ámbitos (cada uno donde pueda) lo que propone el papa Francisco: “una ética ecológica”, que ayude “efectivamente a crecer en la solidaridad, la responsabilidad y el cuidado basado en la compasión.(LS, 210).
Luis Carlos Sanz, profesor
Justicia y Paz de Burgos

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