JOC: #RelaciónARTE: juntas sumamos, juntas cambiamos

Que nos acepten tal y como somos, nos traten con respeto, con igualdad… son claves para tener unas relaciones saludables con las demás personas. Pero, ¿logramos esto en nuestras relaciones con las demás a través de las redes sociales? ¿Nos es más fácil comunicarnos con determinadas personas a través de una red social en lugar de cara a cara?¿Qué relaciones establece­mos según nuestro sexo, género, cuerpos diversos, estereotipos y los roles que se nos atribuyen socialmente? ¿Cómo vivimos estas situaciones en el ámbito familiar, laboral o con las amigas/os? ¿Qué circunstancias históricas y en qué sentido las diferencias de sexo engendran desigualdades de valor y poder en­tre seres humanos? ¿La función del sexo tiene que ver con las ideas acerca de cómo se forjan relaciones sociales? Piénsalo… y tú, ¿cómo te relacionas?
La campaña es un medio que tiene la JOC para llevar acción colectiva. Es un proceso continuado de acción- reflexión en torno a tres etapas; VER, JUZGAR y ACTUAR donde se aborda una inquietud juvenil teniendo como objetivo la toma conciencia de las situaciones que vivimos las y los jóvenes para hacernos cargo y protagonistas y ponernos en marcha para transformarlas junto a otras personas.
Somos militantes cristianas y cristianos conscientes de que formamos parte de una sociedad cambiante y que avanza continuamente, aparecen nuevos elementos (avances tecnológicos) y nuevos planteamientos y modelos sociales (empoderamiento femenino). Pero el sistema capitalista con su codicia desme­dida nos deshumaniza y rompe las vidas de tantas y tantos jóvenes. Por ello es fundamental no sólo conocer la realidad sino cuestionarnos de qué mane­ra estamos participando de ella. Este sistema continuamente mina nuestra autoestima y nos impone sus reglas y cánones (utilidad, beneficio, inmedia­tez, opresión, miedo, desigualdad, competitividad, explotación, éxito,…) desde los cuales establecer nuestras relaciones las cuales provocan unas desigualdades que clara­mente repercuten con más du­reza en los barrios populares en los que vivimos.
Por ello, creemos necesario y urgente descubrir qué cambio de paradigma antropológico, ético, cultural, económico, social, político y religioso es necesario para que la persona esté en el centro, teniendo cla­ro que es preciso promover un auténtico cambio desde el inte­rior de la persona y lograr que sea una revolución de alcance universal.
 
Para ver la revista entera pincha en el enlace:
https://www.joc.es/web2/index.php/publicaciones/revista-jo/item/105-n-45-noviembre-2018

JUSTICIA Y PAZ: Corregir el rumbo de las decisiones políticas y de los discursos públicos sobre migración

  • La red Migrantes con Derechos denuncia la falta de coraje político
    para abordar los retos de la movilidad humana en nuestro país

18 de diciembre de 2018.- Ante la celebración del Día Internacional del Migrante y una semana después de la ratificación en Marrakech por parte de más de 150 países del primer Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, las entidades que integramos la red Migrantes con Derechos –Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, y la Comisión Episcopal de Migraciones— reafirmamos nuestro apoyo el éxito de la comunidad internacional para avanzar en el objetivo de gestionar los flujos migratorios a nivel global.
Lamentamos, sin embargo, el fracaso que supone la retirada del Pacto de varios países del Norte, cuya decisión abre una peligrosa grieta en el espíritu de unidad y solidaridad tan necesario para garantizar una acción coordinada, por encima de fronteras y políticas nacionales, en la tarea inaplazable de proteger las vidas y los derechos de los migrantes y refugiados.
Recordamos que la celebración de hoy conmemora la adopción, por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, de la Convención Internacional para la protección internacional de los derechos de todos los trabajadores migrantes y sus familiares, un texto que ni España ni ninguno de los Estados miembros de la Unión Europea han firmado todavía.
Queda mucho camino por recorrer para hablar de una migración que sea auténticamente segura, ordenada y regular, y evitar que el Pacto recién alcanzado se convierta en papel mojado. Instamos, por ello, a corregir el rumbo preocupante que, a pesar de las buenas intenciones proclamadas en Marrakech, manifiestan las decisiones políticas en materia de migración que se siguen adoptando tanto en nuestro país como en el conjunto de la Unión Europea.
Una vez más, censuramos unas políticas migratorias donde el enfoque basado en la seguridad y el control de fronteras sigue primando sobre los aspectos humanitarios y sociales, y que convierten las vallas y las aguas del Mediterráneo en espacios de muerte, sufrimiento y vulneración de derechos, en lugar de transformarlos en una oportunidad para la acogida y la hospitalidad.
Decimos no a las devoluciones de migrantes realizadas sin las garantías establecidas en los procedimientos relativos a la identificación de cada persona, sin verificar sus circunstancias personales o sin prestar información en un idioma que sea entendido por las personas recién llegadas. Y no a que se perpetúen los mismos errores en los que incurren ahora unos responsables políticos que denunciaban esas prácticas cuando estaban en la oposición y que prometían erradicarlas.
Reclamamos coraje político para acabar con el limbo legal que afecta a un número creciente de menores inmigrantes no acompañados, al tiempo que denunciamos la resistencia a movilizar los recursos indispensables para financiar tanto la acogida e integración en nuestro país de los migrantes como para incidir en las causas del problema mediante una adecuada dotación de fondos para la Ayuda Oficial al Desarrollo.
Rechazamos la escandalosa política de brazos caídos por la que se abandona a su suerte en aguas internacionales a pesqueros españoles que, dando ejemplo de sentido humanitario, auxilian embarcaciones con migrantes a punto de zozobrar.
Y decimos rotundamente no a la sucesión de irresponsables declaraciones públicas en contra de las personas migrantes, que, con un peligroso acento discriminatorio, racista y xenófobo, pretenden obtener apoyo electoral a base de difundir falsos rumores y prejuicios que sólo buscan estigmatizar al otro e intoxicar la convivencia social y las relaciones en nuestros barrios.
Como alertaba en septiembre pasado el Papa Francisco en el congreso mundial sobre racismo y xenofobia organizado por la Santa Sede y el Consejo Mundial de las Iglesias (WCC), «vivimos tiempos en los que parecen reavivarse y difundirse sentimientos que muchos consideraban superados. Sentimientos de sospecha, de miedo, desprecio y hasta de odio frente a individuos o grupos considerados diferentes a causa de su origen étnico, nacional o religioso y, como tales, no considerados lo suficientemente dignos de participar plenamente en la sociedad».
«La gravedad de estos fenómenos –añadía el Papa— no puede dejarnos indiferentes. Todos estamos llamados, en nuestras respectivas funciones, a cultivar y promover el respeto de la dignidad inherente a toda persona humana, empezando por la familia, el lugar en el que se aprenden desde muy temprana edad los valores de compartir, de la hospitalidad, de la hermandad y solidaridad».
Como entidades de Iglesia que acompañamos a los migrantes compartiendo sus esperanzas y frustraciones, defendemos un modelo de convivencia basado en la convivencia intercultural, en la integración y en la acogida fraterna al que llega y se encuentra en situación de mayor vulnerabilidad. Somos Iglesia samaritana que auxilia al desvalido, sin preguntar por su origen, su credo o su condición.
En vísperas de la Navidad, cuando conmemoramos el nacimiento en Belén de un Niño cuyos padres fueron excluidos porque no tenían sitio en la posada y empujados luego al exilio, urgimos a nuestras comunidades y a todos los ciudadanos a examinar sus actitudes personales y comunitarias, y a renovar su capacidad de acogida y hospitalidad hacía las personas migrantes. El Amor, que todo lo puede, es la mejor respuesta a quienes sólo parecen dispuestos a enrarecer la convivencia en paz. Descargar
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JUSTICIA Y PAZ: Jornada Mundial de la Paz 2019. “La buena política está al servicio de la paz”

Jornada Mundial de la Paz 2019. “La buena política está al servicio de la paz”

La Iglesia celebra el martes 1 de enero de 2019, la 52ª Jornada Mundial de la Paz. Para la celebración de esta Jornada, el papa Francisco ha hecho público un mensaje con el título, “La buena política está al servicio de la paz”. 

1. “Paz a esta casa”
Jesús, al enviar a sus discípulos en misión, les dijo: «Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros» (Lc 10,5-6).
Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo. Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana.[1]La “casa” mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra “casa común”: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.
Por tanto, este es también mi deseo al comienzo del nuevo año: “Paz a esta casa”.
2. El desafío de una buena política
La paz es como la esperanza de la que habla el poeta Charles Péguy; [2] es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción.
Dice Jesús: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Como subrayaba el Papa san Pablo VI: «Tomar en serio la política en sus diversos niveles ―local, regional, nacional y mundial― es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad».[3]
En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.
3. Caridad y virtudes humanas para una política al servicio de los derechos humanos y de la paz
El Papa Benedicto XVI recordaba que «todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. […] El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. […] La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana».[4] Es un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.
Cada renovación de las funciones electivas, cada cita electoral, cada etapa de la vida pública es una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho. Estamos convencidos de que la buena política está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud.
4. Los vicios de la política
En la política, desgraciadamente, junto a las virtudes no faltan los vicios, debidos tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Es evidente para todos que los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella. Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.
5. La buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro
Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro. En cambio, cuando la política se traduce, concretamente, en un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros. Se llega a una confianza dinámica, que significa “yo confío en ti y creo contigo” en la posibilidad de trabajar juntos por el bien común. La política favorece la paz si se realiza, por lo tanto, reconociendo los carismas y las capacidades de cada persona. «¿Hay acaso algo más bello que una mano tendida? Esta ha sido querida por Dios para dar y recibir. Dios no la ha querido para que mate (cf. Gn 4,1ss) o haga sufrir, sino para que cuide y ayude a vivir. Junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de diálogo».[6]
Cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común. La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales. Una confianza de ese tipo nunca es fácil de realizar porque las relaciones humanas son complejas. En particular, vivimos en estos tiempos en un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño, en la ansiedad de perder beneficios personales y, lamentablemente, se manifiesta también a nivel político, a través de actitudes de clausura o nacionalismos que ponen en cuestión la fraternidad que tanto necesita nuestro mundo globalizado. Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana.
6. No a la guerra ni a la estrategia del miedo
Cien años después del fin de la Primera Guerra Mundial, y con el recuerdo de los jóvenes caídos durante aquellos combates y las poblaciones civiles devastadas, conocemos mejor que nunca la terrible enseñanza de las guerras fratricidas, es decir que la paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo. Mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad. Es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia. El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz. No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza. En cambio, cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas.
Asimismo, nuestro pensamiento se dirige de modo particular a los niños que viven en las zonas de conflicto, y a todos los que se esfuerzan para que sus vidas y sus derechos sean protegidos. En el mundo, uno de cada seis niños sufre a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso es reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados. El testimonio de cuantos se comprometen en la defensa de la dignidad y el respeto de los niños es sumamente precioso para el futuro de la humanidad.
7. Un gran proyecto de paz
Celebramos en estos días los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue adoptada después del segundo conflicto mundial. Recordamos a este respecto la observación del Papa san Juan XXIII: «Cuando en un hombre surge la conciencia de los propios derechos, es necesario que aflore también la de las propias obligaciones; de forma que aquel que posee determinados derechos tiene asimismo, como expresión de su dignidad, la obligación de exigirlos, mientras los demás tienen el deber de reconocerlos y respetarlos».[7]
La paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:
– la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;
– la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
– la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.
La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» (Lc 1,50-55).
Vaticano, 18 de diciembre de 2018
Enlace
Leer más: https://www.juspax-es.org/products/jornada-mundial-de-la-paz-2019-la-buena-politica-esta-al-servicio-de-la-paz/

CECO: Entrevista a Ignacio Segura, presidente de CECO, en Alfa y Omega

Por Santiago Riesco Pérez
Ignacio Segura Madico, vecino de Jaén

Ignacio nació en Bilbao hace 51 años. Lo adoptó un matrimonio andaluz y, siendo aún bebé, su padre los abandonó. A los 13 años comenzó a perder la vista y a los 46 se quedó ciego total. Ha vendido el cupón por los bares de Jaén durante casi dos décadas, hasta que se cayó en una arqueta y se rompió la tibia, el peroné y el astrágalo. Esto anticipó su jubilación por incapacidad. Hace unos meses falleció su madre, Eloísa, por una posible negligencia médica. Ignacio no guarda rencor. Es católico «por convicción».

 
¿Cómo ha vivido desde la fe el proceso de su pérdida de vista?
Como una cosa normal. No me he agobiado. No he ido a Fátima ni a Lourdes… Siempre me he dicho: «Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy» [Se ríe. No dejará de sonreír durante toda la entrevista]. Además, en España, ser ciego es un lujo. Gracias a la ONCE no nos ven como discapacitados sino como personas con discapacidad.
Dice usted que su deporte favorito era «hacer amigos fieles y ayudar a los demás» ¿Cómo lo practica?
Es un deporte de alto riesgo [reímos juntos]. Lo practico con las personas que se acercan. Si puedo echar una mano, la echo. Procuro estar de servicio las 24 horas.
Acláreme una cosa. ¿Qué es CECO?
Son las siglas de Ciegos Españoles Católicos.
¿Y la O del final?
La O es de regalo, para que no suene tan mal [más risas]. En España somos 395 socios. La asociación la fundó Luis García Martínez de Aguirre hace 25 años, en Zaragoza. El 28 de noviembre la ONCE emitió un cupón conmemorativo.
Me consta que es usted un miembro muy activo.
Actualmente soy el presidente y, como estoy jubilado y soltero [lo enfatiza con mucha guasa], me dedico a apoyar a los grupos CECO y a inyectarles un poco de oxígeno. La semana pasada estuve en Sevilla y ahora voy hacia Zaragoza. Estoy a su servicio al cien por cien. Y también participo de FIDACA, que es la Federación Internacional de Asociaciones de Ciegos Católicos.
Además del tiempo que le dedica a CECO usted escribe libros, da conferencias, colabora en medios de comunicación católicos…
La mayor parte de mi tiempo es cierto que lo dedico a CECO, pero también colaboro con otras asociaciones. Me gusta mucho la música, el teatro, la lectura… Todo lo que tenga que ver con la cultura. He publicado dos libritos, uno sobre el beato Lolo en la editorial Credo, titulado Meditaciones ante el sillón de ruedas, y otro en Edelvives con el título Una Iglesia sin barreras en el amor. El tercero está casi acabado y serán cuentecitos para pensar y meditar.
¿Cómo se relaciona con Dios? ¿Tiene algún secreto para estar más cerca de él?
Me relaciono con Dios a través de los demás, que es la relación más directa. El sagrario también es muy importante. Si hacemos caso a lo que Dios nos dijo, es en las personas donde le encontramos. Si no se complementan los sacramentos con estar con los demás…, eso es ser un cristiano de banco, un calienta bancos. Vas el domingo, calientas el banco y te vas.
En la exhortación Gaudete et exultate (Alegraos y regocijaos) el Papa dice que «el santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor», y que «sin perder el realismo ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado». ¿Qué le parece?
Que el católico tiene que ser una persona alegre. Nos lo pide el Papa, nos lo piden los santos padres, nos lo pide Jesús, ¡nos lo piden todos! [más risas]. No podemos ser unos pimientos amargados porque entonces expulsamos de nuestro lado a las personas. El cristiano tiene que vivir su fe con alegría. Puede parecer una contradicción si tenemos en cuenta que el símbolo más importante de nuestra fe es la cruz, y la cruz significa dolor, sufrimiento, martirio…, pero no lo es.
¿Se considera un santo?
No me considero un santo, me considero una persona bendecida por Dios porque mi pérdida de vista me hace acercarme más a Él. Y no por una oblación o a través de la Eucaristía, sino a través de los demás [sonríe muy serio].
 
 

CECO. Entrevista Ignacio Segura