XXIII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL FORO DE LAICOS: Texto de la conferencia dada por Soledad Suárez, presidenta de Manos Unidas.

 

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Buenos días:

Muchas gracias por contar con Manos Unidas para participar en esta Jornada y lo voy a personalizar en Camino…

Me vais a permitir que me dirija a vosotros como hermanos, miembros de una familia y haciendo honor al nombre, Foro, podamos entablar un diálogo enriquecedor.

Me habéis pedido que haga un comentario sobre la Encíclica Laudato si´ promulgada por el papa Francisco el pasado mes de junio. Os agradezco la oportunidad y espero responder al reto de contar en unas pocas palabras una carta tan espléndida., profunda y motivadora.

Me gustaría empezar haciendo resaltar la oportunidad de esta encíclica como respuesta a uno de los más graves signos de nuestro tiempo: el grito de la tierra, que se siente explotada, abusada, degradada. Y junto a él, el grito de los pobres que claman justicia y son los que más sufren esa devastación. Son dos clamores que el Papa sitúa como eje central de todo el documento. No se pueden separar, en Manos Unidas somos testigos de cómo las agresiones a la naturaleza tienen a los humanos como sus primeras víctimas.

La Encíclica se publica en un momento en el que la humanidad y la propia Tierra tienen planteados graves interrogantes sobre su presente y, sobre todo, sobre su futuro. El Papa nos invita a todos a la reflexión y a la implicación responsable y generosa en el bien y la solidaridad universal, y en el cuidado de la casa común. “porque el desafío ambiental que vivimos y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos”. Y os puedo asegurar que las raíces humanas están fuera de toda duda.

Para profundizar en sus contenidos, voy a hacer un recorrido sobre los distintos capítulos y números. Comienza con una introducción en la que se pone de manifiesto la preocupación de la Iglesia por la ecología integral y la urgencia de devolver la salud a la vida en el planeta.

La encíclica manifiesta desde el principio su sentido de continuidad con el magisterio de la Iglesia. Quizá sea una de las cosas que más me ha impresionado comprobar cuánto tiempo llevamos en la Iglesia hablando y escribiendo de estos temas. Su intención ecuménica y de diálogo con otras confesiones y con la ciencia, poniendo en relación la luz de la fe con el desarrollo y los desafíos de la razón humana.

Francisco vincula su reflexión con el magisterio de los papas que le han precedido, expresando su vocación integradora y dotando de argumentos su intención universal y su oportunidad, nada de lo que pasa en el mundo es indiferente a la Iglesia. Nunca lo ha sido, otra cosa es cómo acojamos este Magisterio  y lo llevemos a nuestra vida. Comienza refiriéndose al papa san Juan XXIII y su encíclica Pacem in terris,  dirigida a todos los hombres de buena voluntad, por primera vez en la historia de las cartas papales, fue en 1963, hace ya 52 años, y dedicada a la construcción de la paz más allá de la ausencia de guerra. Podríamos decir que la paz es la justicia en el orden, puede haber orden en un sistema injusto, pero no tenemos paz, y muchas veces la injusticia provoca desorden y tampoco hay paz, aunque no haya guerra.  Sigue citando a Pablo VI, al que se referirá en otras cuatro ocasiones, como un pontífice preocupado por la cuestión ecológica, sobre todo por la imposición de un desarrollo económico centrado en el expolio y “la explotación inconsiderada de la naturaleza”. Y el primero que pertenece a la naturaleza es el ser humano.

A continuación incorpora las citas a san Juan Pablo II, al que mencionará en treinta y seis ocasiones más, y a Benedicto XVI, al que se referirá en otras treinta y dos citas,  poniendo de manifiesto una vez más y como no podía ser de otra manera la identidad entre los tres últimos Papas.

Pero las menciones a otras fuentes en la encíclica no sólo serán de documentos papales. Hay hasta veintidós citas de Conferencias Episcopales de todo el mundo, así como de patriarcas de otras iglesias cristianas como el patriarca ortodoxo Bartolomé. Hay en el texto veintiuna referencias a documentos no magisteriales, como mensajes radiofónicos, intervenciones ante organismos internacionales, o relacionados con días conmemorativos concretos, como los Mensajes para las Jornadas Mundiales de la Paz. De ahí que la lectura de la Encíclica te da la sensación de que estás oyendo algo que ya sabías. Están presentes los Padres de la Iglesia y los Santos en veinte ocasiones. Entre estos últimos, destaca Francisco de Asís, de quien el pontífice tomó el nombre y que es patrono de todos cuantos se ocupan de las cuestiones ecológicas. De él destaca: “la pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio”. El papa concluye el epígrafe dedicado al pensamiento y la vida del santo: “el mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza”.

La encíclica se muestra, además, convencida del imprescindible diálogo entre la fe y la razón, entre las religiones y la ciencia, si se quieren encontrar auténticos caminos de convivencia humana y con la naturaleza: “La gravedad de la crisis ecológica nos exige a todos pensar en el bien común y avanzar en un camino de diálogo que requiere paciencia, ascesis y generosidad, recordando siempre que la realidad es superior a la idea”. Es decir, hay distintas visiones y un diálogo sincero permite acoger la realidad de una manera más completa que sólo la nuestra.

Aquí introduce lo que será otra de las señas de identidad de la carta: la urgencia e ineludible necesidad del diálogo. A todos los niveles: interreligioso, intercultural, ciencia- religión, ecología- economía…Quizá este último binomio sea el más complicado porque entramos en la denuncia del sistema económico mundial que afecta gravemente al binomio naturaleza-hombre.

Para referirnos a los capítulos en los que está dividida, seguiremos el criterio que la propia encíclica sigue: el método habitual de la Doctrina Social de la Iglesia: ver, juzgar, actuar

VER

El capítulo 1 describe lo que le está pasando a nuestra casa: El Papa nos invita a “tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar”. Nosotros creemos que sufrimiento personal es el que sentimos cuando visitamos proyectos de Manos Unidas ¡Qué difícil es sentir dolor por los otros si no los vemos, si no los tocamos, no los olemos!  

Se abordan seis cuestiones fundamentales que permiten entender la gravedad de la cuestión:

  • Contaminación y cambio climático. “El clima es un bien común, de todos y para todos”. El actual modelo de producción y consumo, fruto de una cultura del descarte, es depredador y provoca la acumulación de cantidades ingentes de residuos. Jocotán, Guatemala, lleno de bolsas de plásticos hasta en las comunidades más aisladas (café); isla de Pástico en el Pacífico. Además, el uso de combustibles fósiles, la deforestación, la contaminación, la sobreexplotación de recursos o la desaparición de selvas tropicales aumentan el calentamiento global y aceleran, según consenso científico, el actual cambio climático.
  • La cuestión del agua. Casi 750 millones de personas carecen de acceso al agua potable, imprescindible para vivir; las fuentes se contaminan, se acaparan, o se usan de modo ineficiente; numerosas poblaciones luchan por el recurso. Sin embrago, como dice Francisco:El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la supervivencia de las personas y, por tanto, es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”. Seguro que conocéis la expresión “si quieres dar de comer un día dale un pez, si quieres que coma toda la vida, enséñale a pescar”, para eso los ríos y los mares tienen que tener peces. Petróleo-Amazonía, oro-Guatemala.
  • La pérdida de biodiversidad. Todo lo creado tiene sentido en sí mismo. Cuando se pierde biodiversidad se compromete gravemente la vida que fluye y que es en origen rica y bella (Dios) .Hay algunos ecosistemas altamente amenazados: los sistemas acuáticos- las especies de agua dulce han disminuido un 76% en los últimos 40 años y las marinas un 39%-; la Amazonía, la Cuenca del Congo o los glaciares.
  • El deterioro de la calidad de la vida humana y la degradación social. La degradación medioambiental trae de la mano un empobrecimiento social, un aumento de la exclusión, de la inequidad, e incluso del sentido de vida de las personas. Cuidar a las personas implica superar la cultura del descarte, tanto de los recursos como de los propios seres vivos y el conjunto de la humanidad.
  • La inequidad planetaria. Las graves consecuencias de la degradación de los ecosistemas no afectan por igual a todos los habitantes del planeta. Son las poblaciones excluidas, las más empobrecidas, las que presentan una mayor vulnerabilidad. Tenemos, como países más desarrollados, una deuda ecológica con los países en desarrollo. Como dice el Papa: “hay que mantener con claridad la conciencia de que en el cambio climático hay responsabilidades diversificadas”. y poner delante las necesidades de los más débiles. Estamos aumentando una enormidad la brecha que nos separa a los ricos de los pobres.
  • La debilidad de las reacciones y la diversidad de opiniones. Aunque se reconocen importantes intentos de parte de los movimientos ecologistas y de las instituciones internacionales por promover reacciones a los problemas planteados, éstas no han sido suficiente rotundas. Se precisa mayor diálogo y responsabilidad, para lograr respuestas integrales. Esto pasa por renunciar al actual sistema económico en el que una mayor riqueza siempre representa un mayor poder.

 En el capítulo 2, el Evangelio de la Creación, para mí el más bonito, me siento tan querida y tan importante por haber sido pensada  por Dios. introduce la visión desde la fe; el Papa plantea la necesidad de incorporar un diálogo sincero entre ciencia y fe si se quieren dar respuestas verdaderas y soluciones que permitan sanar lo destruido. Se hace un recorrido por los contenidos de la fe cristiana, desde la sabiduría de los relatos bíblicos; el misterio del universo como un compendio de sistemas abiertos relacionados y sometidos a la libertad del ser humano (la gran faena que Dios nos hizo). La relevancia y el sentido de cada criatura en el conjunto de la creación; la comunión universal de todo lo creado aún reconociendo la preeminencia del ser humano, imagen y semejanza de Dios; y el destino universal de los bienes, principio de la doctrina Social en el que todos podemos converger, ya que “creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos”. Citando a San Juan Pablo II:”Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno” Termina el capítulo con la mirada de Jesús sobre la creación y el lugar del ser humano en ella, que destaca la relación paterna de Dios con todas las criaturas y el lugar significativo que cada una tiene para Él. El Señor vivió en armonía con lo que le rodeaba, disfrutando de las cosas sencillas de la vida, mostrando así a sus discípulos la manera de relacionarse con lo creado. En el Nuevo Testamento se nos muestra el destino de plenitud al que están llamados los seres humanos, que también comparten los seres más sencillos, como las flores del campo o las aves del cielo.

Los capítulos 3 y 4 serían el JUZGAR. El tercero, la raíz humana de la crisis ecológica, plantea que la globalización del paradigma tecnocrático, que domina incluso la economía y la política, pero la domina porque a través de ella, de la tecnología, la economía de unos cuantos puede crecer más. Provoca una mirada fragmentada de la realidad y hace que se busquen soluciones parciales y urgentes a los problemas. Sin embrago, la tecnología no es capaz de solucionarlo todo. Hace falta recuperar el sentido de la totalidad y la interrelación entre las cosas, para poder hacer frente a cuestiones que son globales, profundas y que afectan sobre todo a los pobres y al propio medio ambiente. “Nadie pretende volver a la época de las cavernas, pero sí es indispensable aminorar la marcha para mirar la realidad de otra manera, recoger los avances positivos y sostenibles, y a la vez recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano”. Para superar las crisis y consecuencias que provoca el antropocentrismo moderno, que ha terminado colocando la razón técnica sobre la realidad, el ser humano debe volver a reconocer su papel de administrador responsable de cuanto le rodea. Sobre todo de los seres humanos más frágiles.

En el capítulo 4 define la necesidad de una ecología integral- ambiental, económica y social, que nos permita interpretar la realidad de una manera más amplia, como un todo interconectado. “Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales.”. Para eso, se deben recuperar la historia, la cultura y la arquitectura propia de cada lugar, manteniendo su identidad primera; al mismo tiempo se debe cuidar la vida cotidiana, los lugares comunes, o la vivienda, imprescindible para la dignidad y desarrollo humanos. El principio articulador de la ecología integral sería el bien común que presupone el respeto por la persona y sus derechos inalienables, reclama el reconocimiento del papel de los grupos intermedios en el desarrollo humano, sobre todo la familia, nos invita a poner en primer lugar las necesidades de los más empobrecidos y requiere de paz social, solidaridad y justicia en el presente y hacia las generaciones futuras.

Por fin, los últimos capítulos nos dan pistas concretas, reveladoras y llenas de esperanza sobre cuál puede ser la aportación de cada cual a esta cuestión global y común. Sería el ACTUAR.

El capítulo 5, Líneas de orientación y acción. Planteadas, como decíamos, desde un diálogo abierto y permanente: ciencia- fe; religiones; políticas e instituciones; países.

Las instituciones deben procurar soluciones a las actuales crisis medioambientales, económicas y sociales desde una perspectiva común, y no sólo buscando el bien de determinados países o grupos de poder. Las distintas iniciativas de los últimos tiempos han permitido ir avanzando en este compromiso común, pero aún falta una auténtica implicación y el cumplimiento de las promesas hechas en estas Conferencias y Cumbres Internacionales. Destaca sobre todo la lentitud y escasez de avances en lo relacionado al cambio climático: “Los creyentes no podemos dejar de pedirle a Dios por el avance positivo en las discusiones actuales, de manera que las generaciones futuras no sufran las consecuencias de imprudentes retardos”. Las ciencias por sí solas no pueden dar razón del sentido y la finalidad de las cosas y de la propia vida. La ética y la espiritualidad completan la comprensión de la realidad. Las religiones y las ciencias deben superar sus propias barreras para iluminar juntas el horizonte humano y ambiental común.

El último capítulo, habla de la necesidad de una educación y espiritualidad ecológicas que refuercen o provoquen “la conciencia de un origen común, una pertenencia mutua y un futuro compartido por todos”13. A fin de encontrar caminos para revitalizar esa nueva humanidad comprometida en el cuidado de la casa común, el Papa nos invita a vivir de una forma diferente, con un estilo de vida más austero, más sobrio y más simple, donde no vales más si consumes más. El trabajo recupera su valor, de refuerzo de la dignidad humana y articulación social. La conversión ecológica a la que nos llama hace hincapié en la necesidad de recuperar un sano sentido de pertenencia, de relación amorosa con lo que nos rodea (ambiente y sociedad), una ética del cuidado. En este sentido, es necesaria una renovada educación ecológica. Todos y cada uno,  somos  responsables de la marcha de nuestro mundo y del propio destino de la humanidad. Desde la escuela, la familia, las instituciones políticas, las Iglesias, se deben fomentar valores, virtudes, actitudes y comportamientos que permitan construir una realidad más humana, más armónica con la creación. Quiero detenerme en algunas de estas cuestiones: la conversión ecológica hacia nuevos estilos de vida supone la necesidad de vivir auténticamente conectados, con relaciones verdaderamente fraternas, cuidando la gratuidad y la gratitud, la sobriedad, la paz interior; y todo con alegría y honestidad. A modo de cómo Dios hace las cosas, desde la encarnación, asumiendo las cosas pequeñas, los excluidos, los de abajo, los últimos. Él se hizo último, para que nada pudiera quedar fuera, como una preciosa retaguardia, que va animando a los que se van quedando rezagados a avanzar esperanzados.

Me gustaría, a modo de conclusión, destacar lo que son los Ejes transversales de la encíclica: Si bien cada capítulo posee su temática propia y una metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida. Estos temas no se cierran ni abandonan, sino que son constantemente replanteados y enriquecidos.

“Quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple” LS 223

Desde manos Unidas, creemos que lo más importante será cultivar un estilo de vida centrado en el amor, que nos llevará a cultivar una fraternidad humana universal, capaz de reconocer en el otro y en la naturaleza la presencia amorosa de Dios que es comunión y celebración.

Muchas gracias.

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