JOC: Boletín Consiliarios Diciembre 2018

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La práctica del discernimiento en la JOC es más que una metodología
 
Sínodo, etimológicamente hablando, la palabra derivada de los términos griegos synque significa “juntos”y hodos que significa “camino”, expresa la idea de “caminar juntos”.
Discernimiento, es tomar decisiones y orientar las propias acciones en situaciones de incertidumbre y
frente a impulsos internos contradictorios. Es un término clásico de la tradición de la Iglesia, que se aplica a una pluralidad de situaciones.
La práctica del discernimiento en la JOC es más que una metodología; el Ver, Juzgar y Actuar, es un estilo de vida que surge de una mirada creyente de la realidad,abiertos a la acción del Espíritu en la historia,que nos hace protagonistas en la puesta en marcha del proyecto humanizador del Reino de Dios. Tarea que hay que realizar con los pies en la tierra, es decir,en la solidaridad con los empobrecidos, el cultivo dela interioridad, la escucha de la Palabra y el compromiso personal y comunitario en el trabajo por la justicia.
Estamos convencidos que el Papa Francisco en sus propuestas y en su actividad pastoral no está inventando nada nuevo, está “sacando del arca, como aquel padre de familia del que nos habla Jesús en el evangelio” elementos y claves de la tradición de la Iglesia que los movimientos de Acción Católica especializados venimos poniendo en práctica desde que fuimos llamados a participar en la evangelización dela Iglesia.
Es estimulante y nos llena de alegría a las personas que transitamos los caminos de la vida desde los proyectos y las claves de “los movimientos apostólicos”, -que queremos ser fieles al Evangelio y a los descartados por el sistema- “ver lo que vemos y escuchar lo que escuchamos” por parte de aquel que está llamado a pastorear al “Pueblo fiel de Dios” en este momento histórico. Desde el ejemplo y el entusiasmo del Papa Francisco nos sentimos, si cabe, aún más responsables de nuestra misión en la Iglesia y del“don” que hemos recibido para bien de toda la comunidad eclesial y de los jóvenes del mundo obrero en particular.
Por todo esto hoy nos atrevemos a decir humildemente con el salmista: “Nuestro corazón no es ambicioso ni pretende grandezas que superen nuestras capacidades…” y con el discípulo “lo que hemos visto y oído del Verbo de la vida os lo comunicamos para que participéis de nuestra alegría”.
 
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